08 agosto 2014

La música y el camino


Cuando empecé este viaje me hice a la idea de que iba a ser el ciclista ejemplar y que iba a seguir todas las normas de seguridad existentes en "El Libro del Buen Rodar" pero llega un momento en que algunas cosas tienen que priorizarse y también tienes que aprender a ocupar de manera inteligente las 6 o 7 horas que solemos rodar casi todos los días.

Escuchar música mientras ruedo es una de las cosas más peligrosas que hago en este viaje, quizá más que meterme a una roda de capoeira llena de enormes capoeiristas brasileiros que tienen toda la voluntad de demostrar que su capoeira es la mera buena.  Y ya me estoy imaginando (al menos los pensamientos) de muchos ciclistas que van a venir a decirme que debería ser mas responsable a este respecto.

No puedo.

La música me gusta por muchas razones, principalmente porque produce en mi cabeza y mi cuerpo una serie de manifestaciones muy particulares que son más sensibles que intelectuales.  Hay personas que buscan significados e ideas, yo encuentro ritmos y sensaciones. Me gusta principalmente por como suena y después por lo que significa, razón por la cual siempre he tenido muchos problemas para recordar letras de canciones que me gustan mucho y por la cual soy un fracaso tocando la guitarra. Me gusta lo que hace con mi mente, pero me gusta más lo que hace con mi cuerpo.  Los que me conocen sabrían que es la principal razón por la que soy capoeirista.

Es hermoso como puede mejorar o cambiar la manera, ritmo y cadencia con la que pedaleas cuando estas escuchando música; como te puedes inspirar en base a lo que te recuerda una canción o un disco; como te ayuda a que el cansancio y el sol dejen de existir.  Como a veces puedes ir bailando y cantando al ritmo de lo que sea que empiece a sonar en mis audífonos.

En los últimos días en los que he recuperado (de muchas formas) una cantidad importante de música me salió la loquera de que me gustaría escribir de lo que pienso, siento y hago mientras la escucho en el camino.

De igual forma he ido captando y recopilando casi toda la música que me es posible y que vale la pena guardar por lo que siempre hay algo nuevo que escuchar y muchas cosas. ¿Porqué no escribir de eso?

Ya sé que se me ocurrió un poco tarde pero aun queda un algo de camino para probar si de este modo puedo escribir un poco más.

También sé que no todo mundo tiene Spotify (aunque deberían) que es donde pongo y organizo las listas que me acompañan en este viaje, estaría chido compartir listas o canciones para que se nos demos una idea de lo que cada quien está escuchando.

En una de esas hasta les comparto mi lista de canciones "con estrellita" que se supone que es lo que más me gusta y que es la lista por defecto que casi siempre suena en modo aleatorio.

en Spotify

17 mayo 2014

MPLC - Nicaragua

Atrasado de más con este blog, ya estoy en Colombia y apenas estoy publicando Nicaragua. ¡Alguien dígame algo ya!

En fin, trataré de retomar lo que mis notas y recuerdos pueden para darle la continuidad que es requerida.


Después de salir de El Salvador el camino nos llevo por la frontera sur de Honduras donde solo rodamos durante 2 días que estoy seguro no le hicieron la justicia a este país.  Desafortunadamente la cara que vimos de Honduras no fue la mejor y ya que se nos puso en frente un país que, desde que pasamos la frontera, estaba sucio, descuidado, contaminado, con carreteras en mal estado y una considerable situación de pobreza.  Mi intención es regresar a hacerme un juicio mas adecuado de este país.

Creo que un poco de lo anterior se basa en el fuerte contraste que nos permitió vivir Nicaragua no solo comparado con Honduras, también con El Salvador y Guatemala.

Para empezar las carreteras son, sin duda, las mejores carreteras por las que circulamos a lo largo de todo Centroamérica.  Perfectamente pavimentadas, pintadas, con un buen espacio de acotamiento y sumamente amables en lo que respecta a colinas, subidas y bajadas.  La gran mayoría de los paisajes parecían sacados de postales en donde los elementos variaban entre volcanes, planicies, granjas, lagos y colinas.





Cuando llegamos a León, una bella ciudad colonial, me dejó gratamente sorprendido el ambiente familiar en el que se desarrolla todo su movimiento. Puedes ver a familias enteras caminando por la plaza disfrutando del fin de semana, atendiendo espectáculos de música y danza folclórica con especial entusiasmo o simplemente sentados en el parque mientras ven jugar a sus niños.  León me dio la sensación de estar en un lugar similar a Querétaro o uno de esos bonitos pueblos mexicanos donde la gente es buena, educada y muy amable.  Después de viajar por países en que la reputación y los chismes no te permiten sentirte en calma, por primera vez me sentí en paz, tranquilo y muy seguro.

En Managua no pudimos estar todo el tiempo que hubiéramos querido, aunque es probable que además de una zona histórica muy bien cuidada con un bonito malecón no había demasiado que ver.  Una sola noche allí no le puede hacer justicia a lo anterior.  El tiempo que no pasamos en la capital se compenso justamente visitando León y Granada.







¿Que tienen las ciudades coloniales que encantan? ¿Será la arquitectura, el ambiente que genera todo el turismo que se desarrolla en ellas, el olor a viejo o simplemente el hecho de pensar en toda la historia que han visto?

Al final vimos la última playa nicaraguense en Tunas donde disfrutamos y pasamos un par de días de descanso y planeación para la entrada a Costa Rica. 




Ya se que debo música, pero no logro encontrar ni en Youtube ni en Grooveshark varias anotaciones que hice con respecto a mucha música folclórica y tipica de Nicaragua.  Voy a sentarme con calma buscar más a fondo. 

27 marzo 2014

MPLC - El Salvador


El Salvador fue el segundo país en esta travesía y de lo que más hubo durante mi recorrido a través de él fueron sonrisas y buenas caras.  Desde que pasamos la frontera, los niños corrían a las puertas de sus casas o escuelas esperando respuesta a gritos de emoción por ver a un grupo de personas en bicicleta llenos de mochilas por todos lados; la gente en general veía con buenos ojos y alegría nuestro paso por sus carreteras.


Mi primer playa, Monsón.  Una bonita playa virgen con arena suave y un rió desembocando en el Pacífico. Después, unos días en Tunco, la capital surf de El Salvador donde entrenamos en la playa y nos devolvieron la diversidad cultural de un destino turístico.


De camino desde Monsón hacía Tunco cruzamos camino con Kim, Miri y Muni; un profesor koreano que desde hace 3 años y medio va con sus hijos de 6 años de edad rodando en bicicleta acondicionada con una especie de carruaje donde los lleva y les va mostrando las maravillas y necesidades que el mundo tiene a su paso. Los pequeños hablan 4 idiomas de manera fluida (koreano, ingles, español y portugues); son niños llenos de vida y vivencias por igual. Que bello es que cuando piensas que estas haciendo algo significativo de tu vida, la vida misma llega a darte una bofetada con guante en blanco para decirte que tu apenas estás empezando y que tienes que llegar todavía más lejos.


Mi primer ciudad capital, San Salvador. Donde nos recibió Conejo y el Grupo Raiz con quienes estuvimos casi toda una semana, entrenando todos los días, compartiendo buenos momentos y comiendo muchas pupusas.  La capoeira en San Salvador tiene permanencia gracias a que todo este grupo la está rescatando sin apoyo de una figura internacional y gracias a que ellos se mueven y/o viven de arte y cultura les importa que está expresión no se desvanezca.

También tuve oportunidad de participar en una rodada nocturna con un muy organizado grupo de ciclistas urbanos que ya están dándole una promoción y presencia muy fuerte por allá al ciclismo, el cual está en una especie de momento de sobrevivencia gracias a que la reglamentación de tránsito tiene mas de 50 años que no se actualiza. Chequen como se vive y entiende el ciclismo en San Salvador visitando a Ciclistas Urbanos SV. (Y su Twitter)


Los caminos fueron más amables, en un estado muy conveniente. Las colinas no dieron demasiado que decir.

De salida, Playa las Tunas nos despidió permitiendo al grupo dormir en hamacas junto al mar y recibir la brisa del Pacifico antes de seguir hacia Honduras. Mientras eso pasaba los recuerdos de los hallazgos nuevos de esté ultimo país daban vueltas en mi cabeza y así como se emociona un venado de encontrar un nuevo pastizal de donde comer y hacerse más fuerte, me emocioné al sentarme a pensar que nuestro camino se dirigía mas hacía el sur.

En El Salvador no tuve oportunidad de sentir con más paciencia un folclor música típico por lo que tuve que sentarme a investigar un poco más al respecto y encontré cosas muy interesantes como lo siguiente: